lunes, 23 de junio de 2014

DE LA PIEL PARA ADENTRO MANDO YO

Los changos se meten tinta en su epidermis porque de la piel para adentro mandan ellos y nadie más


La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo Herreras
00:10 / 14 de mayo de 2014

Lo mejor de tener tatuajes es contar las historias que hay detrás de ellos. Y que los otros te cuenten las suyas. Decía el poeta y filósofo francés Paul Valéry que “nada hay más profundo que la piel”, y tenía razón. Cuando uno se tatúa, pasan meses para elegir el motivo, años para decidirse y minutos para caminar hasta tu estudio favorito (el mío es Heiwa, de Miyu y Ken, dos capos, a los pies del Montículo de Sopocachi).

Las personas entintamos nuestra piel desde hace más de 5.000 años. Y aunque el origen del tatuaje nos remite (incluso etimológicamente) a los pueblos originarios de Oceanía, recientemente nos hemos enterado que nuestras culturas tiwanakotas y moxeñas también marcaban su epidermis para contar historias, para sus rituales sagrados. Y seguramente lo hacían como en Samoa, usando huesos y conchas cortadas en dientes afilados para penetrar la piel y hacerse “marcas” (tatau, la palabra samoana de marca).

Hace unos años, tatuarse era de maleantes, marineros, prostitutas y cosas “piores”; y hoy todavía hay gentes retrógadas que te miran feo. Obviamente, todos estos cuates no se han enterado ni se enterarán que el famoso Museo Quai Branly de París dedica estos días una magna exposición sobre los tatuajes de todos los tiempos (hasta octubre de 2015) con más de 300 objetos, incluyendo fotografías, herramientas, cráneos, estatuas e incluso trozos de piel humana.

Y sí, el tatú está de moda y estoy seguro que el boludo de turno se hará uno porque Tinelli tiene hartos. Ya pasó hace años cuando Beckham era el futbolista de moda. No tienes ni idea sobre las respetuosas personalidades tatuadas: Samantha Cameron, la esposa del ex primer ministro británico, tiene un delfín justo por debajo del tobillo, y la madre de Winston Churchill, Jennie, se tatuó una serpiente en su muñeca. Y se estima que el 20% de los jóvenes franceses y casi el 25% de los jóvenes estadounidenses tienen tatuajes. En Bolivia, la “inmensa minoría” crece y crece; los changos y changas se meten tinta en su epidermis porque de la piel para adentro mandan ellos y nadie más.

Muchos le tienen miedo al tatuaje porque les han contado que duele y que las sesiones son largas. La primera está dejando poco a poco de ser verdad gracias a la tecnología de las nuevas máquinas, y la segunda nos remite y conecta con el arte verdadero. ¿Sabes cuánto tiempo le llevó a Da Vinci pintar la Gioconda o Mona Lisa? Cuatro años. El tatuaje es un “arte lento”, la paciencia artesanal contra las prisas de una sociedad que lo quiere todo y ahora; siempre a la rápida. Así, cuanto menos tiempo tengas, más debes hacer una pausa y detenerte: para tomar un café o una chela con un amigo, para pasear sin reloj ni celular, para huevear sin producir o para hacerte por horas ese tatuaje que hace años te habías prometido. Por ejemplo, esa tortuga que para los marineros de la Royal Navy significaba que habían cruzado el Ecuador.

O “cualquier” otra cosa para personificar tu cuerpo, el nuevo “medio”, para marcarte por decisión propia, quizás la única decisión que tomes por ti mismo, pues nadie nos preguntó por la fecha de nacimiento o por el nombre que eligieron por nosotros nuestros padres. Ni siquiera eliges tus cicatrices, así que decídete por un tatuaje para mostrar o para esconderlo. Hace seis años que no me tatuó y por el estudio sopocachense de Heiwa me extrañan. Mi último tatuaje fue una vieja obsesión con reminiscencias “olímpicas”: una pantera negra en honor al legendario movimiento de los Black Panthers en Estados Unidos, en homenaje a esos dos gigantes que protagonizaron el podio más polémico en unos juegos olímpicos: Tommie Smith y John Carlos, escuchando el himno gringo, puño en alto, guante de cuero negro, cabeza gacha por los caídos. Lo mejor de tener tatuajes es contar las historias que hay detrás de ellos.




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SHAPKA: filosofía básica: ni tiempo, ni espacio, ni diferencia:

Exploramos el mundo y su historia, adaptamos modelos de países injustamente poco conocidos, con culturas extraordinarias, de mucho gusto y utilidad, épocas iguales de injustamente relegadas en los roperos polvorientos de la "historia de nuestra humanidad".  Nos inspiramos, y soltamos nuestra imaginación creativa para poder "hacer justicia" a estos pueblos aislados frente a "la cultura" masiva y controlada de las "modas". Queremos llevarles  conocimientos y sueños, aire de otros lares y épocas, aquí y ahora. Pensamos que el mundo y los adeptos de la libertad de ser "otro"… aún que sea por sus prendas, (reflejo de su "esencia" ), a diferencia de los demás que usan el vestir como un simple "camuflaje social" ,merecen, como cualquier ser humano: sentirse a gusto. Queremos darles una alternativa, ocurriendo en el fondo de que no la encontrábamos para nosotros mismos...Así que si "el sistema" de consumo no nos da lo que quisiéramos...solo queda fabricárnoslo...para esto estamos, con toda pasión.

¿Por qué privarse de sentirse feliz y libre? ; Insistimos: "Otro", no meramente "diferentes"... Hay un abismo entre los dos conceptos… 



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TATUAJES: RITUAL, MODA Y CATARSIS


Página Siete, Revista Miradas, Edición 049 (Edición Impresa) / Amancaya Finkel
Domingo 29 de abril de 2012


Los tatuajes son cada vez más populares. Una flor, un dragón, un ángel o un pez; usar la propia piel como lienzo se ha convertido en un práctica común y cada vez más frecuente en el mundo postmoderno. Y no hace falta que a uno le guste el rock o el punk para tener uno; no es necesario pertenecer a ningún grupo, ni hermandad. Para muchos, un tatuaje es una moda o un juego, para otros es un asunto de extrema seriedad.

La tinta, las agujas, los teléfonos inteligentes, el cemento, las computadoras y la piel tatuada parecen ser parte de un misma era. Sin embargo, los tatuajes, más que una expresión de la vida moderna y de tribus urbanas, son una herencia atávica, parte de una memoria primitiva y ritual. En medio del delirio tecnológico de un mundo que ya apenas puede diferenciarse de lo que hace muy poco no era más que ciencia ficción, el ser humano parece escuchar el llamado de sus raíces más profundas.

El estudio de tatuajes Rama, de Rafael Cárcamo, es uno de los más antiguos de La Paz. Cárcamo nació en Perú y llegó a Bolivia hace casi 30 años. Entonces le llamaban mucho la atención el trabajo de los tatuadores de la calle que hacían su trabajo con máquinas “hechizas”. Le fascinaba el mundo del tatuaje, pero pensaba que podía hacerlo mejor que muchos. Vio que había tatuadores ambulantes que iban a ofrecer sus servicios a los cuarteles. Tatuaban a los soldados el número de la división en la que habían hecho su servicio militar. “Es una cuestión patriótica, el orgullo de haber servido a la patria, un poco machista”, comenta.

Cárcamo no había cumplido aún los 20 años y vivía en un parqueo de la zona Sur, cuando unos chicos llegados de Brasil solicitaron un espacio para hacer tatuajes. También ellos tatuaban con máquinas “hechizas” y con tinta china. “No lo hacían profesionalmente”, dice, pero a él le sirvió para acercarse más a la manera de hacerlo. La primera vez que tatuó a alguien, a “un chiquillo de la zona Sur”, lo hizo también con tinta china. “Era un sol y un ave, un tatuaje pequeño, bien simple”, recuerda. “El chico se fue contento, y yo en realidad no tenía idea de nada, ni siquiera que se debía usar una tinta homologada”, rememora.

“Nunca tuve un maestro y tampoco el apoyo de mi familia para esto. Siempre me gustó dibujar y aprendí a hacer tatuajes solo, practicando con pieles de cerdo y en la piel de algunas frutas. De a poco aprendí lo que es el respeto. Y tenía sólo 17 años, pero con el tiempo te vas profesionalizando”, cuenta. Antes de abrir su estudio, Rafael Cárcamo se capacitó con ayuda de un médico en todo lo que se refiere a las estrictas normas de higiene, métodos de esterilización y demás medidas de seguridad necesarias para cuidar la salud de los clientes.

Narrar la vida en la piel

Hubo un tiempo en que Cárcamo hacia tatuajes de sol a sol; hoy eso ha cambiado. Ahora se toma su tiempo y hace del momento del tatuaje algo especial. “Lo veo como un ritual”, dice. Para él, el tatuaje es una forma de lenguaje y es también una forma de libertad. “De la piel para afuera la sociedad no te permite hacer ciertas cosas, pero de alguna manera uno siente que hay una expropiación de tu cuerpo”, explica.

También para Miyuki Iihoshi Rodríguez, Sibele Tineo Montero y Ken Vargas Wakimoto, que pronto prestarán sus servicios de tatuadores o “dermopigmentadores” en el estudio Heiwa, con máquinas nuevas y un concepto diferente de lo que es el tatuaje. Para ellos se trata de una manera de comunicar algo, de contar una historia en la propia piel. “Es una forma de narrar, de comunicar un momento de tu vida, de algo que has aprendido y que vas anotando en tu cuerpo. Es escribir con tinta indeleble en un diario al cual no se pueden arrancar las hojas; el diario de nuestro cuerpo”, dice Ken.

Sibele es una chica trinitaria que aprendió a tatuar con una de las “leyendas urbanas de tatuajes”, un personaje de nombre Marcelo Lara “Chicheño”, que hoy ya no vive en Bolivia.

“Queremos que la gente entienda que el tatuaje no es una moda, como cree alguna gente; debe ser algo realmente tuyo, porque va a estar en tu piel para siempre. Tiene que gustarte y representarte. Yo, por ejemplo, no tengo muchos tatuajes visibles porque no me gusta mostrarlos. Están más escondidos. Es mi historia y no voy por ahí para exhibir mis tatuajes”, comenta Sibele Tineo. Uno de los que sí es visible se encuentra en su muñeca, es la palabra “valentía”, en idioma moxeño trinitario.

Vetos y otras costumbres

Rafael Cárcamo es apasionado también por la historia del tatuaje; cuenta que la palabra tatuaje viene del maorí y “tatau”, que evoca los golpes que se daban sobre la piel con los instrumentos propios de esa etnia para realizar los tatuajes.

Según cuenta, el tatuaje era una práctica prohibida en la antigua Roma, donde solamente se tatuaba a los seres humanos para identificarlos como antisociales y delincuentes. En Grecia, sin embargo, se trataba de una práctica aceptada, pues los griegos se tatuaban según la profesión que ejercían. “Los traductores se tatuaban un lorito, por ejemplo; los constructores, una escuadra”, explica. En Egipto, las mujeres se tatuaban el cuerpo para establecer una conexión con lo divino. Los antiguos cristianos se tatuaban una cruz diminuta en el interior de la muñeca o bien el símbolo del pez, que representa a Cristo, detrás de la rodilla.

Cárcamo cuenta también que en Bolivia el tatuaje es una costumbre antigua en los pueblos del oriente amazónico. Afirma que en la Guerra del Chaco los soldados vieron cómo se tatuaban los indígenas tobas y matacos, y según algunas crónicas aprendieron de ellos. “Los tobas y los matacos les enseñaron. Se ponían el número de serie que tenían asignado para que se los reconozca en caso de muerte, era una especie de documento de identidad”, comenta.

“El tatuaje es un arte”, asegura Cárcamo y cuenta que en Japón, por ejemplo, hay gente que compra y vende pieles humanas tatuadas. Los otros tatuadores confirman este dato y aseguran que una universidad en Japón, la Universidad de Jikei, en Tokio, recibe pieles tatuadas donadas; sin embargo, funciona un mercado negro de pieles tatuadas por las que se pagan grandes sumas de dinero.




Miyuki, que al igual que Ken, es boliviano-japonesa, es quien lleva más tiempo dedicada al arte del tatuaje de los tres socios del estudio Heiwa. Si bien no se dedican al tatuaje ritual japonés, para el cual es necesario estudiar por lo menos diez años, sí trabajan con muchos diseños de la cultura japonesa. Parte de su experiencia, además de la gente de la cual aprendió, Miyuki se la debe a los tatuajes que hizo en la piel de su hermano.

“Mi hermano tiene 18 tatuajes míos en el cuerpo”, cuenta. En su tiempo libre, estos jóvenes se dedican a tatuarse entre ellos para practicar. Ken recuerda que él también tenía máquinas de tatuar “hechizas” y que se tatuaba a sí mismo con tinta china.

Cuando viene un cliente, le dedican un tiempo largo a encontrar un dibujo adecuado. No suelen bajar las imágenes de internet. Si el cliente ya les trae una propuesta, tratan de indagar más en lo que le pueda gustar, le proponen algunos arreglos o variaciones de ese dibujo. “Primero les preguntamos qué les gusta, qué música escuchan, hasta cuáles son sus tendencias religiosas, por ejemplo. Vamos armando un esquema, si se quiere, un perfil psicológico y de ahí sale el diseño”, cuenta Miyuki.

Catársis y endorfinas

Ni en el estudio Rama ni en el estudio Heiwa hay luces de neón ni nada que sea grandilocuente. Quieren desmitificar el arte del tatuaje tal como lo “vende” la serie norteamericana “Miami Ink”, que lo muestra como un asunto moderno y glamoroso. Entre la persona que hace el tatuaje y el cliente se crea un lazo fuerte, íntimo y el proceso es muchas veces un proceso catártico.

Tatuarse el cuerpo puede llegar a ser adictivo; mucha gente que se hace un primer tatuaje vuelve una o varias veces más.

“Yo me he hice un tatuaje que tenía que ver con algo que me sucedió, es una mariposa en el hombro; la mariposa es como un símbolo de algo que he superado. Se siente dolor, pero el dolor mismo es liberador”, dice Claudia Miranda que pronto se hará su tercer tatuaje. “Cuando te haces uno, te quieres hacer otro. Pero creo que el tercero va a hacer el último”, agrega.

“Cuando te haces un tatuaje se liberan endorfinas”, dice Miyuki y Silbele explica que el dolor físico muchas veces es una forma de superar el dolor emocional.

Los tatuadores también afirman que una persona con tatuaje tiene más riesgo de contraer cáncer de piel que alguien que no los tiene. “Hay que ponerse bloqueador solar y cuidar mucho la piel para evitar enfermedades y para que el tatuaje dure y se mantenga”, explican.

Lo veo como un ritual”, dice. Para él, el tatuaje es una forma de lenguaje y es también una forma de libertad. De la piel para afuera la sociedad no te permite hacer ciertas cosas, pero de alguna manera uno siente que hay una expropiación de tu cuerpo


Las precauciones necesarias
Las medidas de higiene y seguridad deben ser extremas.

Jamás debe usarse una misma aguja. “Algunos tatuadores lavan sus utensilios con detergente y ponen en serio riesgo la salud de sus clientes”, dice Rafael Cárcamo.

La esterilización se puede hacer con máquinas especiales como un autoclave, una ebullidora o ultrasonido. “Pronto nos va a llegar de Japón un esterilizador ultravioleta para todos nuestros equipos”, comenta Ken y explica que será un complemento para el autoclave.

Además es necesario tener siempre tintas especiales, homologadas, que no contengan plomo ni ninguna otra sustancia nociva para el organismo.

Un tatuaje exige un cuidado extremo; es imprescindible el uso de bloqueador solar y cremas para evitar enfermedades y garantizar que el tatuaje se mantenga por el mayor tiempo posible.

Para evitar cualquier infección no se debe ingerir alcohol en días posteriores al tatuaje

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SESIÓN FOTOGRÁFICA HEIWA POR

 PUNTO ESTUDIO

Natalie Fernandez nacio en la ciudad de Tacna Peru , en el año 1987.En el año 2009 se muda a Bolivia y se inicia en la fotografia como autodidacta y despues emprendio sus estudios con el fotografo retratista Fernando Miranda .En el 2011 empieza a trabajar en estudio para asi continuar con su experiencia en el ambito de fotografia publicitaria y fotodocumental.En el mismo año es invitada por la fundacion Patiño de Cochabamba a dar una charla sobre su trabajo.En la aactualidad es colaboradora de la agencia de fotoperiodismo AFKA (Bolivia) , Demotix (Londres) y es directora de Punto un estudio fotografico ubicado en la ciudad de la Paz

B-boying Bolivia  La Paz – Bolivia 2010
En tu piel  - 2010
Desde tus espejos – Tacna – Perú 2010
Expresiones – Cuzco – Perú – 2011
Challa Minera Oruro- Bolivia 2011
Anata Oruro – Bolivia 2011

www.nataliefernandezphoto.weebly.com

























SESIÓN FOTOGRÁFICA HEIWA POR

 PUNTO ESTUDIO

Fernando Miranda nació en la ciudad de La Paz Bolivia en el año 1970.
A finales del año 1985 radicó en Buenos Aires Argentina. 

Empezó con la fotografía alrededor de 1990 primero como autodidacta. 
Emprendió sus estudios con distintos fotografos publicitarios de distintos medios editoriales. 
En el año 1997 estudio con la pintora y fotógrafa Pirucha Ginefra los cursos de fotografía 1 y 2 en el Centro Cultural Spilimbergo. 
En el año 2002 termina sus estudios con el renombrado fotógrafo argentino Juan Travnik en el EAF    (Escuela Argentina de Fotografía).
Escribió para el periodico El Diario ( Bolivia ) sobre la llegada de los Rolling Stones a Buenos Aires en febrero de 1995.
Participó de muestras colectivas a finales del año 1997 en el Centro Cultural de Núñez (Bs.As. Argentina).

Participo de  exposiciones colectivas e individuales en el salón Roberto Arlt de la UBA (Universidad de Buenos Aires) presentando distintas obras, "Paisajes y Retratos", en los años 1998 y 1999. 
En el 2012 expone en la  Galerie de la Alianza Fancesa con su trabajo Diablada Ferroviaria Oruro. 
Trabajo para algunas editoriales. 
Incursiona como fotógrafo de distintas portadas de discos compactos de artistas argentinos. 
Trabajó como docente de fotografía desde 1999 en el colegio secundario Ceferino Namuncurá de la Provincia de Buenos Aires.
En el 2009 realiza algunos trabajos autorales con el pintor Mamani Mamani. 

Actualmente es fotógrafo colaborador de la agencia boliviana AFKA. y Demotix de Londres.
en el 2011 es invitado a exponer y hablar sobre su trabajo en el centro Simon Patiño en la ciudad de Cochabamba - Bolivia
En la actualidad realiza distintos trabajos de fotoreportajes y fotografia publicitaria para distintos medios.

http://fmvphotographer.weebly.com/


Un vistazo dentro de un estudio de tatuajes boliviano


Aun hoy en Bolivia el tattoo es considerado un taboo,parte de muchos jovenes y otros no tanto lo toman como un medio de vida, aun hoy en Bolivia existen muchos lugares de tatuajes. el tattoo ya esta siendo considerado mas como un arte y un estilo de vida, Ken Vargas Wakimoto, Miyuki Iihoshi Rodriguez, bolivianos de desendencia Japonesa y Sibele Tineo Montero de Bolivia son uno de los precursores en la ciudad de La Paz y nos cuentan que el tatuaje en Bolivia recien empieza a verse mas como un arte. estos jovenes osados utilizan el tatuaje como medio de expresion para plasmar su arte.
trabajando desde su estudio ubicado en pleno corazón de la ciudad.


trabajo publicado para la agencia internacional demotix
http://www.demotix.com/news/1176968/glimpse-inside-bolivian-tattoo-studio#media-1176983


















'ARTE LENTO', 

LA PACIENCIA ARTESANAL 


CONTRA LAS PRISAS INDUSTRIALES 





Ken Vargas Wakimoto

En estos días donde nos sentimos apresurados, siempre hay cosas por hacer, cosas que terminan no
 siendo hechas, y más cosas nuevas por hacer. Entre el tener que escoger qué es meritorio de nuestro tiempo, qué queremos hacer y qué es necesario, siempre existe un mínimo de estrés que va creciendo si no se hace algo por remediarlo.

Una parte del remedio es darse cuenta de que esta urgencia que nos lleva al estrés no está allá afuera en las situaciones en las que nos encontramos inmersos, sino que está en nuestra forma de percibir estas cosas, en los pensamientos que creemos y mantenemos. La otra parte está en crear el espacio en donde poder hacerse consciente de esto.

Cuando más prisa sintamos, cuando menos tiempo tengamos, debemos de hacer una pausa.

El hecho de tener prisa no hace que los recursos que requerimos, que las habilidades que debemos desarrollar, que los resultados que queremos obtener, se materialicen por arte de magia.

De hecho, nuestra capacidad de sentir presión, pánico, miedo, …, no nos hace necesariamente más capaces de resolver las situaciones en que nos encontramos. No importa la intensidad que estas sensaciones tengan; al dejarnos posesionar por ellas, quedamos más lejos de nuestros objetivos.



Al apresurarnos nos dejamos llevar por el ritmo del mundo, por las prisas industriales, la producción en masa, mecanizada, artificial, altamente superficial, donde las personas sólo son tratadas como objetos de consumo y no como seres humanos pensantes, estamos basando nuestro comportamiento en una reacción que nos hace sentir mal y vacíos constantemente, que distrae nuestra capacidad de hacer las cosas lo mejor que podemos para simplemente hacerlas más rápido.

Y si intentamos hacer varias cosas a la vez, más de las que nuestra atención es capaz de atender, también estamos sacrificando nuestro trabajo en pos de la velocidad. Y no hemos visto nada que crezca en la velocidad y la urgencia: las plantas toman su tiempo en germinar, crecer, florecer y dar frutos; los animales toman años en desarrollarse completamente. La prisa es algo que no existe en la naturaleza, es un estado mental, una creación humana.

Las cosas pueden hacerse en el tiempo que toma hacerlas. No más, no menos. Toda gran obra de arte, toda labor que merece atención, toma un determinado tiempo para crecer por sí misma dentro de nuestra atención, eso no se puede forzar. Podemos ir más rápido para alcanzar un cierto resultado, pero debemos dar el tiempo a aquello que queremos que tenga la forma que deseamos.

Todos esos que parecen nuestros fracasos, nuestras derrotas, y demás evidencias de nuestra falta de habilidad, son en realidad un llamado a que hagamos una pausa, veamos y reconozcamos lo que hemos creado para después concentrarnos nuevamente en ir en la dirección deseada y hacer lo que corresponde. Un paso a la vez.

Así que cuando quieras ir más rápido, recuerda que Leonardo DaVinci tardó 4 años en pintar la Gioconda o Mona Lisa, famosa obra que se encuentra en el museo del Louvre de París. La urgencia frente a lo verdaderamente importante nunca fue prioridad para hacer una obra de arte trascendente.

domingo, 22 de abril de 2012





VIDEO REALIZADO POR XISCO JALISCO

(BARCELONA ESPAÑA)


elxisco@hotmail.com



Gracias a Heiwa Estudio de Tatuaje por su profesionalidad
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8 horas tatuado!! yeah!!